domingo, octubre 16

El exprimidor de libros (II)

Pan con tomate
Los nubarrones del mes pasado se difuminan gracias a un bendito anticiclón que nos ha llevado en volandas a nuestra mesa favorita de "esmorzar de forquilla". Tal como escribía Joanne Harris en Chocolat, "para engañar al demonio hay que poner el reloj a deshora"; así hicimos nosotros y le estuvimos dando largas desde las 10:30 de la mañana hasta las 14:30, momento en el que el gañán de Louis Cypher nos fundió las últimas rocas de hielo de las Bayswater con pimienta.

La ventisca ha sido variable estas semanas. Que ahora cierra el templo barcelonés de Drolma; que ahora se inaugura el BCC a "Borbón y Platillo". Que se nos muere Percy Foster, el doble de Ramsay, mientras el chef escocés se dedica a poner nombre en unos aparatejos culinarios; desearle que la calidad de los mismos sean como la del anuncio... Que a nuestros compañeros de condumio matutino les entró inspección en el restaurante media hora antes de un servicio de mediodía; para matarlas, oiga! pero también nos anuncia la próxima entrega de la cigüeña, y no precisamente para meterla en un arroz de montaña como al que estamos dando buen homenaje.

¿Que la temporada de Ibiza llega a su ocaso para la otra pareja del ágape dominical? Pues nos echamos al coleto unas empanadillas de peus de porc, gambas y sofrito, una copita se syrah de las viñas de enfrente, y rápido se abren nuevos horizontes en Bogotá y en Mozambique (si, si, el amigo Andrés tiene más huevos que el caballo de Espartero). Ya solo queda ajusticiar a la cazuela de galtes y setas ahogadas en espesa y oscura salsa con saborcillo avainillado, que a uno le deja los morros pringosillos y el alma pegando brincos. Vida la que siempre da el buenazo de Brian, los ojos azules de Lucía y un carajillo de Beilis. Muerte a las avispas que querían robarnos las butifarras, la cansalada y el allioli!

fuente: Gregorio Doval
Cáspita, ¿os habéis enterado que también se ha muerto el de la manzanita? ¿y que hasta las Blackberry se pusieron de huelga unos días? cual indignadas, oigan! ¿Y lo del último vals de elBulli. ¿último? ja! ¿vals? ¿no es lo de las bodas? será por todos esos nuevos socios de la Foundation, porque si desaparece de verdad, ¿no debería ser un réquiem? ¿o un canto de sepelio? ¿o un Paquito el Chocolatero?.

Así pues, tras tanto diluvio de muerte y tras tanto arco iris de vida, trepamos de nuevo por las estanterías de Gastromimix para exprimir unas gotas de finísima y pura lluvia; o licuar unos benefactores rayos del próximo veranillo de San Martín.

5 extractos 5, el paraguas o las gafas de sol las pones tú.


"El 28 de diciembre de 1857, durante el transcurso de una fuerte tormenta, las aceras de la ciudad de Montreal, en Canadá, se cubrieron de pequeños mejillones. El 11 de febrero de 1859 se produjo una lluvia de peces (concretamente gobios) en el condado inglés de Glamorganshire. El 3 de mayo de 1876 cayó sobre el sur del condado de Bath, en el estado norteamericano de Kentucky, una lluvia de minúsculos trozos de carne. El 24 de febrero de 1884 y el 19 de julio de 1906 cayeron sendas lluvias de hormigas sobre las ciudades de Nancy (Francia) y Milán (Italia). Pocos meses después, el 22 de agosto, en Bilbao, según las crónicas, <<llovieron codornices>>."

Los grandes chefs ya no tienen eco huerto (o lo esconden), porque vacilar de eso ya es de tristes o de viejunos. Ya no vale el kilómetro cero y que te lo acerque el proveedor o el payés a la trastienda del restorán. Ahora lo que se lleva es salir al campo con un cestico y unas tijeras a recolectar lo que la madre naturaleza pone a nuestro alcance tan generosamente desde hace "ciene y ciene de año". Dan igual los madrugones y los peajes, tanto vale un perdido bosque vikingo, una orilla escandinava o adentrarse entre pinares vallisoletanos.

Y si hace más de un siglo que a los de Bilbao les llovieron codornices, no me extrañaría que los grandes gurús del comercio y el bebercio construyan en breve unos contenedores ad hoc en los tejados de sus gastrolugares, por si acaso el temporal se pone feo y se levanta fuerte marejada...


"San Lorenzo, mártir de la Iglesia católica, murió en el año 258 quemado lentamente en una parrilla por negarse a entregar los tesoros de la Iglesia al prefecto de Roma. Sobre su tumba se levantó una iglesia, que aún es hoy una de las siete basílicas de Roma. Sin embargo, otras parroquias italianas aseguran tener las reliquias del santo y de su martirio: la parrilla, un omoplato, un brazo, la mandíbula, una parte de la espina dorsal, un dedo, un pie, dos costillas y un poco de grasa. A este mismo santo está consagrada la basílica de San Lorenzo del Escorial, cuya planta en forma de parrilla, recuerda el método de tortura con que fue martirizado."

Ahora, a los testaferros e iluminados del fogón, no los asan a la parrilla pero les levantan templos que caen con relativa rapidez, o más bien se auto inmolan a golpe de burbuja gastronómica, o bien se enriquecen gracias a la sagrada aplicación de la famosa encíclica del G9. Pero en el caso de que pudiéramos churruscar a alguno de ellos al calor de las brasas, sin duda ningún parroquiano encontraría rastro del asado, como es el caso de los espabilados parroquianos italianos. Nosotros daríamos buena cuenta de la paletilla, del codillo, de la carrilera, del espinazo, de las manitas, de los pies, de las costillitas y mojaríamos un buen pan de hogaza en los jugos del reposo o pellizcaríamos un buen trozo de corteza para pasar esa tostada grasilla impregnada de enhiesto allioli.


fuente: Gregorio Doval
"Según algunos cronistas, el rey francés Luis XII (1462-1515) bebía grandes cantidades de oro líquido, que le preparaban los alquimistas de la corte, para fortalecer su maltrecha salud. Pero no se trata del único caso consignado en que se sepa de brebajes constituyentes preparados a base de oro. Se sabe que muchos enfermos -desde luego, pudientes- masticaban finísimas láminas o polvo de oro; también se sabe que en determinadas ocasiones se echaba una pizca de este metal en guisos reconstituyentes."

Mira que a mi el oro no me gustó ni en las alhajas. Si el cachondo de Luis XII levantara la corona se pondría morado a bombones, petifurs, gelées, varnices, quesos, crumbles, azúcares, cava, piruletas de champagne y hasta helado al módico precio de 25.000$ ¿el kilo? y qué más da, preguntar el precio es de pobres!

¿Y el famoso Oro de Moscú? algún cocinillas bien relacionado, seguro.


"En 1806, el Ayuntamiento de Nueva York hizo entrega de un premio de mil dólares a John M. Crous por el descubrimiento de un curioso remedio contra la rabia a base de quijada de perro pulverizada, lengua desecada de un potro recién nacido y limaduras de cobre de una moneda inglesa de un penique acuñada durante el reinado de Jorge I."

Vamos, que doscientos cinco años después se siguen entregando premios y estrellas a cartas repartidas por todo el globo terráqueo con enunciados similares a los de la receta anticanina. Y mueren de rabia los que no pueden permitirse llevarse a la boca dichos remedios y los que no reciben dichos premios, ni menciones, ni estrellas (o les quitan las que tenían).


La envidia de Louis Cypher
" Se cuenta que, en cierta ocasión, queriendo el príncipe de Orange (1502-1530), virrey de Nápoles, aligerar el presupuesto de su casa, despidió en un mismo día a veintiocho de sus innumerables jefes de cocina." 

Lo que no se sabe es si luego montaron una Santa Inquisición Foundation, un castillo-escuela de cocina, unas manifestaciones en las plazas de los más famosos condados, una revista gastronómica en pergamino digital, una gastroposada con cobertizos para fumadores,  unos premios para los mejores pucheros de la región o un blog tallado en modernas tablillas de pino piñonero.

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