Algunas veces uno tiene la suerte de encontrar lo que no busca. Yo encontré un amigo virtual a través de los foros de internet. Recibí un correo y lo respondí, no pedía nada que no puediera facilitar, una receta,unas notas, unos comentarios... El tema interesante, las setas y su munedo. No hacía mucho que había escrito sobre la greixa, era otoño... y a cambio, a cambio me regalaban un enlace desde su lugar en la red y amistad micológica. ¿Qué más se puede pedir? Dicho y hecho, no tanto como me gustaría y es que en estas fechas uno tiene trabajo, un trabajo que puede llegar a colapsar, a saturar y a todo no se llega, aunque se quiera.
Para sorpresa mía y de los míos recibo un presente con sorpresa. ¡Un libro!
Desde Madrid, no salgo de mi asombro. ¡Y qué libro!
Ya Había escrito sobre el Sent Soví, ahora tengo nuevo material de estudio y volveré a escribir sobre tan gustoso libro.
Desde aquí y esperando una mejor oportunidad agradezco a Marcelo su relago, su amistad y complicidad micológica. Aguardando el momento de conocernos en persona.
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martes 22 de diciembre de 2009
viernes 18 de diciembre de 2009
Otros libros viejos
A finales del siglo XVII nacía Raimundo Gómez (¿? -1769) en La Almunia de Doña Godina (Valdejalón, Zaragoza), el que fuera religioso y fraile franciscano. El que sin proponérselo cocinaría en conventos y seminarios.
Por aquel entonces el libro cabecera de cualquier cocinero era Arte de Cozina, pastelería, vizcochería y conservería de Don Francisco Marínez Montiño (1611). Pero vete aquí que Fray Raimundo escribiría un gran libro bajo el seudónimo de Juan Altimiras o también Altamiras. Un best seller que diríamos hoy, de esos que no pueden faltar en cualquier biblioteca gastronómica que se precie. Estamos hablando de el libro conocido como Nuevo Arte de Cocina sacado de la escuela de la experiencia económica (1745). Lo de nuevo hace alusión, sin duda alguna al que escribiera el mencionado Cocinero Mayor del Rey, nuestro Señor.
Una obra reeditada en numerosas ocasiones y de la que tan solo dispongo una edición facsímil (París – Valencia, 1999).
Un nombre que devino en marca, en marca de calidad. Bajo el título de Novíssimo Arte de Cocina se publica a principios del siglo pasado un libro que dice ser la novena edición del Altimiras. Tan nueva y corregida es que no se parece en nada al original, dando así por supuesto que se trata de una estrategia comercial bajo el nombre del escritor -marca Altimiras- más que de una actualización de la obra.
Curiosidad. Pionera en sus inicios, en memoria y en su nombre se creó la escuela Alambique para enseñar el arte de cocinar, pero no fue en La Almunia. Pero ¿Por qué escribo de Altimiras? Porque es maño, porque se me apareció de repente como contaré en seguida y porque... Quiero una buena edición de su libro ¡Leches!
De todos es ya bien sabida mi afición a coleccionar libros de cocina, más exactamente libros de cocina viejos o antiguos, como se quiera decir. Recientemente ha caído en mis manos un libro estupendo, una joyita que dice Pantxeta. Un libro de librero de viejo, adquirido en Barcelona, hace un mes, en la calle Aribau, al módico precio de... el precio no importa, puesto que ahora ya no lo tiene. Seamos realistas. La joyita en cuestión se lee así:
La cocinera del Campo y la Ciudad o Nueva Cocinera Económica
Segunda edición española traducida de la 31ª francesa
Y aumentada en la parte que se refiere a la cocina española
(Madrid, 1861)
El libro señala al inicio con una clara advertencia lo que aquí se esconde. Tras poner la obra por las nubes en tanto en cuanto ha sido traducida a numerosas lenguas y se conoce en toda Europa, siendo así una obra magnífica y universal en todo su esplendor nos dice así y transcribo literalmente:
“Para que en la nuestra sea enteramente completa hemos sustituido a la parte española del original, que como en todo lo que a nosotros se refiere había muchas inexactitudes, EL NUEVO ARTE DE COCINA, escrito por Don Juan Altimiras, reformando su estilo y adicionándole con algunas nuevas preparaciones. Con estas mejoras puede decirse que hemos hecho un libro universal de cocina y el más completo de todos cuantos se conocen hasta el día.”
Otra nota semejante podemos leer más adelante, al pie de la página 419, en el capítulo que habla de Cocina española:
“En vista de los errores e inexactitudes del autor francés en todo lo que dice relación con la cocina española, nos ha parecido oportuno preferir la inserción del Nuevo Arte de Cocina, de Don Juan Altimiras, con las modificaciones que reclaman los adelantos que se han hecho hasta el presente.”
No solamente se cargan los editores la parte que corresponde a la cocina española del original sino que además modifican a su antojo la obra de Altimiras. Y digo a su antojo porque desaparecen varios detalles; por un lado el tono siempre imperativo del original sustituyéndolo por un aburrido discurso impersonal y por otro... ¿Qué hay de sus notas escritas en clave de humor? Nada de nada, una verdadera lástima a mi entender.
Y por eso escribo sobre Altimiras, cualquier escusa es buena
Decía que hay libros que no pueden faltar en una biblioteca gastronómica, algunos de ellos podrían ser estos:
Arte Cisoria por Don Enrique de Villena (Escrito en 1423 pero publicado por primera vez en 1766)
Arte de Cozina, paselería, vizcochería y conservería por Don Francisco Martínez Montiño (1611)
El cocinero religioso por Antonio Salsete (posiblemente de finales del XVII, a caballo entre el de Montiño y el de Altimiras)
Nuevo arte de cocina, sacado de la escuela de la experiencia económica, por Don Juan Altimiras (1745)
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Por aquel entonces el libro cabecera de cualquier cocinero era Arte de Cozina, pastelería, vizcochería y conservería de Don Francisco Marínez Montiño (1611). Pero vete aquí que Fray Raimundo escribiría un gran libro bajo el seudónimo de Juan Altimiras o también Altamiras. Un best seller que diríamos hoy, de esos que no pueden faltar en cualquier biblioteca gastronómica que se precie. Estamos hablando de el libro conocido como Nuevo Arte de Cocina sacado de la escuela de la experiencia económica (1745). Lo de nuevo hace alusión, sin duda alguna al que escribiera el mencionado Cocinero Mayor del Rey, nuestro Señor.
Una obra reeditada en numerosas ocasiones y de la que tan solo dispongo una edición facsímil (París – Valencia, 1999).
Un nombre que devino en marca, en marca de calidad. Bajo el título de Novíssimo Arte de Cocina se publica a principios del siglo pasado un libro que dice ser la novena edición del Altimiras. Tan nueva y corregida es que no se parece en nada al original, dando así por supuesto que se trata de una estrategia comercial bajo el nombre del escritor -marca Altimiras- más que de una actualización de la obra.
Curiosidad. Pionera en sus inicios, en memoria y en su nombre se creó la escuela Alambique para enseñar el arte de cocinar, pero no fue en La Almunia. Pero ¿Por qué escribo de Altimiras? Porque es maño, porque se me apareció de repente como contaré en seguida y porque... Quiero una buena edición de su libro ¡Leches!
De todos es ya bien sabida mi afición a coleccionar libros de cocina, más exactamente libros de cocina viejos o antiguos, como se quiera decir. Recientemente ha caído en mis manos un libro estupendo, una joyita que dice Pantxeta. Un libro de librero de viejo, adquirido en Barcelona, hace un mes, en la calle Aribau, al módico precio de... el precio no importa, puesto que ahora ya no lo tiene. Seamos realistas. La joyita en cuestión se lee así:
La cocinera del Campo y la Ciudad o Nueva Cocinera Económica
Segunda edición española traducida de la 31ª francesa
Y aumentada en la parte que se refiere a la cocina española
(Madrid, 1861)
El libro señala al inicio con una clara advertencia lo que aquí se esconde. Tras poner la obra por las nubes en tanto en cuanto ha sido traducida a numerosas lenguas y se conoce en toda Europa, siendo así una obra magnífica y universal en todo su esplendor nos dice así y transcribo literalmente:
“Para que en la nuestra sea enteramente completa hemos sustituido a la parte española del original, que como en todo lo que a nosotros se refiere había muchas inexactitudes, EL NUEVO ARTE DE COCINA, escrito por Don Juan Altimiras, reformando su estilo y adicionándole con algunas nuevas preparaciones. Con estas mejoras puede decirse que hemos hecho un libro universal de cocina y el más completo de todos cuantos se conocen hasta el día.”
Otra nota semejante podemos leer más adelante, al pie de la página 419, en el capítulo que habla de Cocina española:
“En vista de los errores e inexactitudes del autor francés en todo lo que dice relación con la cocina española, nos ha parecido oportuno preferir la inserción del Nuevo Arte de Cocina, de Don Juan Altimiras, con las modificaciones que reclaman los adelantos que se han hecho hasta el presente.”
No solamente se cargan los editores la parte que corresponde a la cocina española del original sino que además modifican a su antojo la obra de Altimiras. Y digo a su antojo porque desaparecen varios detalles; por un lado el tono siempre imperativo del original sustituyéndolo por un aburrido discurso impersonal y por otro... ¿Qué hay de sus notas escritas en clave de humor? Nada de nada, una verdadera lástima a mi entender.
Y por eso escribo sobre Altimiras, cualquier escusa es buena
Decía que hay libros que no pueden faltar en una biblioteca gastronómica, algunos de ellos podrían ser estos:
Arte Cisoria por Don Enrique de Villena (Escrito en 1423 pero publicado por primera vez en 1766)
Arte de Cozina, paselería, vizcochería y conservería por Don Francisco Martínez Montiño (1611)
El cocinero religioso por Antonio Salsete (posiblemente de finales del XVII, a caballo entre el de Montiño y el de Altimiras)
Nuevo arte de cocina, sacado de la escuela de la experiencia económica, por Don Juan Altimiras (1745)
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lunes 14 de diciembre de 2009
Fuet o no fuet, esa es la cuestión
Esta vez un libro de humor absurdo, surrealista, hilarante. Para entrar en calor a pura carcajada ahora que de verdad ha llegado el invierno.
Fuet o no fuet, esa es la cuestión (Plaza Janés, Barcelona, mayo 2009) es el primer libro de Valeriano Campillos, conocido por sus programas de radio; primero en Anda ya, de los 40 principales, y ahora en Ya te digo, de Europa FM. Su biografía para el libro empieza de esta forma: "El 27 de diciembre de 1973 nació en Sevilla un niño precioso, pero nos da igual ese niño. Es más, que le den. Valeriano Campillos nació un soleado 18 de julio de 1971 en Valencia. Por aquel entonces era mucho más joven que ahora."
En la contraportada aparece su foto con una camiseta en la que afirma "soy un cornudo". Su novia le puso los cuernos cuando se fue de Erasmus. Ahora ha creado una Asociación para las Víctimas del Erasmus (AVE), está locamente enamorado de su vecina y comparte piso con un fuet que venía en la cesta de Navidad de la empresa.
Con ese hilo conductor, encontraremos al escritor y a su fuet metidos en 82 esperpénticas narraciones. El libro cuenta además con un prólogo a cargo del propio fuet y transcrito por el televisivo Dani Mateo. La despedida va a cargo de Javier Coronas. Y para estar a la última en redes sociales e internet, encontramos a Valeriano Campillos en facebook y presentando el libro en youtube.
A mi me tuvo unas cuantas tardes entretenido con su peculiar surrealismo y absurdez. Me recordó a un libro que pude encontrar por las estanterías y que leí hace muchos años, la antología titulada TipyCollorgía, de los grandes maestros José Luis Coll y Luis Sánchez Polak, editado por Círculo de Lectores en 1983.
Unas cuantas carcajadas para quitarnos de encima los nubarrones.
Fuet o no fuet, esa es la cuestión (Plaza Janés, Barcelona, mayo 2009) es el primer libro de Valeriano Campillos, conocido por sus programas de radio; primero en Anda ya, de los 40 principales, y ahora en Ya te digo, de Europa FM. Su biografía para el libro empieza de esta forma: "El 27 de diciembre de 1973 nació en Sevilla un niño precioso, pero nos da igual ese niño. Es más, que le den. Valeriano Campillos nació un soleado 18 de julio de 1971 en Valencia. Por aquel entonces era mucho más joven que ahora."
En la contraportada aparece su foto con una camiseta en la que afirma "soy un cornudo". Su novia le puso los cuernos cuando se fue de Erasmus. Ahora ha creado una Asociación para las Víctimas del Erasmus (AVE), está locamente enamorado de su vecina y comparte piso con un fuet que venía en la cesta de Navidad de la empresa.
Con ese hilo conductor, encontraremos al escritor y a su fuet metidos en 82 esperpénticas narraciones. El libro cuenta además con un prólogo a cargo del propio fuet y transcrito por el televisivo Dani Mateo. La despedida va a cargo de Javier Coronas. Y para estar a la última en redes sociales e internet, encontramos a Valeriano Campillos en facebook y presentando el libro en youtube.
A mi me tuvo unas cuantas tardes entretenido con su peculiar surrealismo y absurdez. Me recordó a un libro que pude encontrar por las estanterías y que leí hace muchos años, la antología titulada TipyCollorgía, de los grandes maestros José Luis Coll y Luis Sánchez Polak, editado por Círculo de Lectores en 1983.
Unas cuantas carcajadas para quitarnos de encima los nubarrones.
jueves 10 de diciembre de 2009
“del cerdo me gustan hasta los andares”
La semana pasada Xesco me invitó a una matanza de cerdo, no dudé ni un momento en aceptar ya que era una cuenta pendiente desde hacía años. En este caso fue femenino plural, dos cerdas de unos 120 kg cada una.
A mí personalmente - y os aseguro que soy muy aprensivo con agujas, cortes y sangres – se me quitaron rápido las tonterías gracias el olor de pelos chamuscados, el calor de lo familiar, lo natural de la sangría, la precisión del matarife, la coordinación de movimientos.
Aquello, sin saber muy bien porque, me resultaba familiar, me resultaba cercano a las vivencias de una cocina profesional. Así que me acomodé el forro polar y comencé a disparar mi cámara y a grabar secuencias que, más que un acto morboso o sádico, me atraían por lo documental, lo mágico, lo rural, por captar la sencillez y naturalidad de una tradición popular que por desgracia está cayendo en desuso, en restricciones, en ignorancia. ¡Qué triste!
Por suerte hay lugares de España que no solo continúan y alaban el trabajo del matarife, sino que además celebran ferias y festivales dedicados al cochino y su sublime recta final al dejar este mundo, subir al cielo y llenar los calderos aquí en la tierra.
Fue un lujazo vivido en primera línea. Una de las cosas que más me impresionó es la temperatura interior del gorrino cuando es abierto en canal. El frío del lugar hace que uno pueda ver la cantidad de vaho que sale de dentro. Y si además, a uno le invitan a meter la mano y palpar, todavía se te queda más cara de urbanita-lelo-no-todo-sale-de-la-nevera. Insisto también en el olor, que para nada era agresivo, ni repulsivo; todo lo contrario, olía a vaho caliente, a carne fresca, a colmado de pueblo, a chancho limpio y divino.
Nos detalló cómo colgar al verraco por las patas traseras en el triángulo que lo elevará hasta el techo, nos explicó algún truco para acceder sin problema a las tripas del cochino, nos enumeró las piezas que iba descartando o extrayendo y colgando meticulosamente en ganchos centenarios, pudimos presenciar y - Xesco con fuerza – lo que pesa media cerda y como se descuelga de los ganchos del techo mientras la otra mitad y el espinazo aguardan su turno para subir a la furgoneta.
Impresiona escuchar la sabiduría de un hombre ganada con años de trabajo y experiencia, escuchar lo que uno no encontrará en los libros: las diferencias del sabor y textura de la carne según sea el sistema utilizado para matar al porcachón; por supuesto, de la diferencia de calidad de un cebón “industrial” a uno que lo alimentas tu mismo; el porqué de cortarles las colas y que no se las muerdan entre ellos; el motivo de matar a los dos últimos ejemplares y no dejar uno solo…
La lección de anatomía no había acabado y pudimos descubrir dónde está el solicitado “secreto”, vimos como separaba con mimo una de las partes más preciadas llamada “el peixet”, escuchamos la diferencia de un lomo “comercial” de uno bien cortado, reposado y estirado…
Fue impresionante ver como 240 kg de tarasca acaban meticulosamente separados y seleccionados en cajas o colgados en un carro con ganchos para facilitar su manipulación y transporte a las cámaras frigoríficas.
¿Y luego? Luego se sentó toda la numerosa familia a la mesa y degustamos unos callos de la penúltima matanza, una fritada, unas costillitas, unas “seques” y un cava artesano que se elabora dos pisos más abajo.
Gracias cerdos y cerdas del mundo,
gracias Xesco, gracias familia.
gracias Xesco, gracias familia.
* Las palabras en negrita y cursiva han sido extraídas del capítulo "70 maneras de llamar al cerdo" del libro "Elogio del jamón de cerdo ibérico puro de bellota" editado por la Academia Española de Gastronomía y por Plaza y Janes en Barcelona, 1ª ed. noviembre 1996.
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domingo 6 de diciembre de 2009
El Debate de la Ración
Ya hablamos anteriormente de las raciones del hambre pero ese es otro asunto, hoy nos fijaremos un poco en la gastronomía actual. Una gastromomía enmarcada en la sociedad de la opulencia y que dispone de otro tipo de raciones, unas raciones que se asumen como elementos de distinción, diferenciación y cohesión de determinados comensales. Aquí la ración es aparentemente banal y por ello relevante, por cotidiana y perentoria, pero también por procuradora de socialidad.
Controlar.
Uno se pierde en esto de optimizar las raciones, raciones y porciones. Su formulación y evaluación traen de cabeza a gourmets, dietistas, gastrónomos, endocrinos, cocineros, nutricionistas, deportistas...
No hablemos de la frecuencia de la ración ahora, esto es el ¡Debate de la Ración!
Ración mínima de consumo diario, ración adecuada a la edad, ración alimenticia, raciones individuales, raciones balanceadas, raciones medias diarias recomendadas, raciones militares de campaña, raciones de combate, raciones diseñadas, raciones alternativas, raciones adaptadas...
Y ahora sin sustantivo putativo ¿no era así?
Raciones tipo, pantagruélicas, escasas, típicas, minimalistas, justitas, abundantes, generosas, para compartir, pequeñas y más grandes, suculentas, copiosas, medias raciones, multiraciones...
Todas ella con una variable más, según sexo, edad y estado de salud. La cosa se complica. Todo un despropósito, un despiste (i)racional
Y para hablar de raciones hay que hablar de alimentos. ¿Ración? ¿De qué alimento? El proceso de selección del alimento. Un alimento clasificado según el estatus y conocimientos culinarios del consumidor (M. Gracia Arnaiz, 1996).
La ración puede ser objeto de libre interpretación, objeto de consumo, o simplemente comida (M.Álvarez, 2008) y el valor que se otorga a los alimentos tiene mucho que ver con su función básica, no nos engañemos: vencer el hambre (I.Riera, 1996).
No hemos dicho nada, o sí, pero me he entretenido con esta disquisición filológica poque sí, porque hoy en día las palabras no tienen el mismo significado que tenían en su origen.
.....
Controlar.
Uno se pierde en esto de optimizar las raciones, raciones y porciones. Su formulación y evaluación traen de cabeza a gourmets, dietistas, gastrónomos, endocrinos, cocineros, nutricionistas, deportistas...
No hablemos de la frecuencia de la ración ahora, esto es el ¡Debate de la Ración!
Ración mínima de consumo diario, ración adecuada a la edad, ración alimenticia, raciones individuales, raciones balanceadas, raciones medias diarias recomendadas, raciones militares de campaña, raciones de combate, raciones diseñadas, raciones alternativas, raciones adaptadas...
Y ahora sin sustantivo putativo ¿no era así?
Raciones tipo, pantagruélicas, escasas, típicas, minimalistas, justitas, abundantes, generosas, para compartir, pequeñas y más grandes, suculentas, copiosas, medias raciones, multiraciones...
Todas ella con una variable más, según sexo, edad y estado de salud. La cosa se complica. Todo un despropósito, un despiste (i)racional
Y para hablar de raciones hay que hablar de alimentos. ¿Ración? ¿De qué alimento? El proceso de selección del alimento. Un alimento clasificado según el estatus y conocimientos culinarios del consumidor (M. Gracia Arnaiz, 1996).
La ración puede ser objeto de libre interpretación, objeto de consumo, o simplemente comida (M.Álvarez, 2008) y el valor que se otorga a los alimentos tiene mucho que ver con su función básica, no nos engañemos: vencer el hambre (I.Riera, 1996).
No hemos dicho nada, o sí, pero me he entretenido con esta disquisición filológica poque sí, porque hoy en día las palabras no tienen el mismo significado que tenían en su origen.
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sábado 28 de noviembre de 2009
Lamprea
Tras la sangre del civet y la promesa a nuestro amigo eSedidió os presentamos más sangre, en este caso relacionada con el mar y el río... va por ti gallego tocahuevos!
Petromyzon marinus – Lampetra fluviatilis
También llamada lamparda, lampreia, lamproia, chupona de mar o lamepiedras. Es un ciclóstomo, es decir, de boca redonda con numerosas hileras de dientes pequeños, vermiforme, de piel viscosa y desnuda, sin espina. En los lados del cuello tiene siete pares de orificios branquiales y una aleta en la mitad posterior del cuerpo.
Las lampreas viven en el mar, a una profundidad de unos 500 metros, hasta que han alcanzado su madurez sexual, que suele ocurrir en un plazo de 30 semanas. Entonces remontan los ríos, para desovar, en otoño. Nadan de noche y, de día, se sujetan a las piedras con los dientes, de ahí su apodo de lamepiedras. Practican también el 'autostop', ya que aprovechan el viaje de otros peces para adherirse con la ventosa a sus cuerpos y remontar el río sin esfuerzo. Chupan la sangre de los animales acuáticos a los que parasita fijándose con su boca en ventosa. Su saliva tiene la propiedad de disolver los tejidos y de impedir la coagulación sanguínea.
Una vez remontado el río deposita los huevos en una depresión que excava en el fondo, tras lo cual muere de agotamiento fisiológico. Las crías viven en el río en el que han nacido, hundidas en la arena o el barro, y retornan al mar tras la metamorfosis de sus larvas que dura unos cuatro años.
La lamprea de mar (Petromyzon marinus) es la principal especie de las lampreas, y aunque en la actualidad es bastante escasa, tanto que apenas se consume, en otros tiempos tuvo un importante papel comercial. Su carne era ya apreciada por celtas, romanos y durante la Edad Media. Se distribuye por el Atlántico y el Mediterráneo, y es especialmente apreciada y abundante en Galicia. Antes era más abundante, aunque en la actualidad es cada vez menos frecuente debido a que a su paso hacia las zonas de desove se encuentra impedido por las presas y la polución.
La carne de la lamprea de río (Lampetra fluviatilis) también es comestible. Se distribuye por zonas menos nórdicas que la lamprea de mar, no subiendo de la zona sur de Noruega, y en la actualidad es muy escasa. Se localiza en zonas costeras y en los ríos europeos, por los que asciende para el desove. En los Grandes Lagos han dañado hasta tal punto la población de trucha que los gobiernos de Canadá y EUA han firmado un pacto para controlar su reproducción. El moco cutáneo de la lamprea de río es tóxico, toxicidad que no es destruida por el calor, por lo que se la ha de consumir sin piel.
La lampreílla (Lampetra planeri) es muy pequeña y habita en pequeños ríos y arroyos como pez sedentario.
Pescos o pesqueiras
Son construcciones de la época romana levantadas con sillares que se hunden en el lecho del río. Lo que asoma en la superficie depende de lo caudaloso que baje el río. Una sucesión de muretes paralelos, situados en oblicuo y enfrentados a la corriente, sale de las dos orillas y pierde altura según se adentra en el cauce, lo que permite pescar adaptándose a los distintos niveles de agua. La distancia que los separa crea “canales-trampa” de fácil acceso para las presas, y deja en el centro un canal por donde el agua baja impetuosa, que las lampreas evitan. Entre muro y muro, bloqueando los canales, se colocan los butrones, una especie de nasas cónicas en las que la susodicha puede entrar, pero no salir.
Hoy en día los propietarios de las pesqueiras, que están numeradas y pasan hereditariamente de padres a hijos, las comparten a menudo con otros pescadores; y siempre con los miembros de la familia legatarios, repartiéndoselas por días de la semana o por temporadas. En torno al ritual de pesca siempre había fiesta y era una manera de pasar la noche con los amigos y la familia, ya que la lamprea se captura principalmente de madrugada.
También puede escabecharse, guisarse con oporto o vino tinto, o comerla en pastelón. Resulta asimismo exquisita en empanada que ya era un plato apreciado en la época romana. Los romanos se proveían de lampreas en el Mare Nostrum, o bien de lampreas procedentes de los bulliciosos viveros que ya se construían desde el 250 a.C.
De hecho, en El libro de la cocina española, gastronomía e historia; de N.Luján y J.Perucho (Barcelona 1970) escriben: “La lamprea es otra de las grandes joyas gastronómicas [de Galicia], y su aprovechamiento, en cocina, nos viene del tiempo de los emperadores romanos, que la comían deleitándose con morosidad. Su aspecto es horrible y repugnante; pero su carne, exquisita, y la fibra de su contextura –que no su gusto- más parece carne de ternera que pescado”.
Se come estofada en su propia sangre y con vino tinto o con puerros en la región de la Aquitania francesa, a cuya capital, Burdeos, hace referencia y fama a la lamprea a la bordelesa. De un ejemplar de más de un kilo apenas se obtienen tres raciones ya que, una vez despojada de su extremo superior, de la cola y las vísceras la lamprea tiene una merma del 40%.
Lorenzo Millo, nos transcribe una remota receta: “Las lavarás antes de cortarlas; les sacarás las tripas; las cortarás a pedazos y colocarás éstos en una vasija de barro, con ajos, especias y perejil machacado; las pondrás a cocer, que con la sangre que arrojen harán una salsa muy buena”.
En Arbo, en la provincia de Pontevedra, se celebra desde 1961 la festa da lamprea, cuyos ingredientes básicos son lamprea, vino y certamen literario. La lamprea se cocina en su propia sangre y es acompañada con arroz blanco y pan frito. También elaboran empanada de lamprea y lamprea rellena, una tipo de fiambre cocido para el que antes ha sido necesario salar y ahumar la pieza durante cuatro o cinco días.
Lamprea-devora-esclavos
A la lamprea le han endosado algunas leyendas sobre comerse esclavos en bacanales palaciegas romanas, leyendas documentadas por Plinio y Varrón pero que pertenecen a otra especie: las murenas.
La lamprea y la murena pertenecen a dos familias diferentes, supuestamente bien avenidas, pero absolutamente distintas. Así pues, los textos romanos que relatan historias de peces almorzando carne servil, hablan siempre de murenas; a la pobre lamprea no la citan para nada.
El poeta latino Horacio hace un canto a la lamprea, servida con una salsa preparada con aceite, vino, vinagre, sal y pimienta.
Platino reprocha a los Papas y nobles romanos de obsequiar a sus amigos con lampreas que pagaban a peso de oro, y que hacían morir ahogándolas en vino de Chipre, colocándoles una nuez moscada en la boca y un clavillo en las agallas; después las guisaban con almendras machacadas y muchas especias.
Aún habiendo encontrado estas referencias históricas en diferentes libros, es curioso señalar que no aparece ninguna receta con lampreas en el libro de Marco Gavio Apicio, Artis magiricoe libri X, más conocido como De re coquinaria.
Curiosidades históricas
En 1894, Ángel Muro publica El Practicón y escribe: “[…] su carne es muy fina, y guisada en trozos pequeños, en pepitoria, con muchas setas, resulta uno de los manjares más selectos de la alta cocina. Pero conviene advertir que la lamprea no se despelleja como la anguila, y que es preciso limonarla; palabra ésta que traduzco del francés, según suena, porque se adapta bien al objeto. Limonar la lamprea es sangrarla, recogiendo y apartando la sangre para incorporarla en el guiso. Después se la corta la cabeza y la cola, y se escalda en mucho agua hirviente.”
He encontrado muchas apariciones de la lamprea en el libro de María Mestayer de Echagüe, Historia de la gastronomía (Madrid, 1943), de las cuales destaco lo siguiente:
“Nos escandalizamos de los precios que hoy pagamos; para consuelo de propios y extraños, voy a dar a continuación los precios que alcanzaron algunos pescados en la Edad Media, y así no podremos pensar que ‘tiempos pasados siempre fueron mejores’. Y para probarlo expongo lo que el caballero Juan de Blois pagó por unas piezas, según consta en su libro de cuentas. Dicho señor, que vivio a mediados del S. XIV, debió ser un potentado, como pueden ver mis lectores: por una lamprea entregó 10 sueldos, que equivalen, en nuestra moneda, a unas 86 pesetas, y por una carpa y cuatro anguilas, 74 sueldos: alrededor de 532 pesetas. Bonita suma, ¿verdad? A Juan de Blois le sobraba el dinero…”
“Y para no entretenernos demasiado sobre las vigilias de nuestros abuelos doy a continuación la nomenclatura de una comida dada por el obispo de París en 1571, el día de Viernes Santo: 4 salmones, 10 rodaballos, 17 sollos, 50 libras de ballena, 10 langostas, 9 sábalos, 60 carpas, un cesto de hermosos mejillones, 18 lampreas, 18 truchas, 200 hermosos cangrejos, 200 arenques, 3 cestos de barbos, 600 ancas de rana, 40 hermosos lenguados. Ignoramos el número de comensales, pero nos consta que la vigilia fue rigurosamente observada.”
Post-Thebussem, en su Guía del buen comer español (Madrid, 1929) escribe: “El duque de Medinasidonia obsequió a Felipe IV en el coto de Oñana. Se acopiaron para esta fiesta 1.400 barriles de pescado en escabeche, 700 fanegas de harina, 1.400 pastelones de lamprea, 10 botas de vinagre, 400 arrobas de aceite, 80 botas de vino añejo, 100 arrobas de azúcar, 50 de miel y la carne y pan bastantes para alimentar por varios días a muchos miles de personas.”
“No menor daño, por ignorancia e incuria, se ha causado en los ríos, descastándolos de la abundante pesca que en ellos había. Recuérdese que el Arcipreste de Hita, Juan Ruiz, en sus cantares, al tratar de la gran pelea que tuvo el Carnal con la Cuaresma habla de los Saualos et albures et la noble lamplea”
- Espectacular reportaje de la revista Apicius, cuaderno nº12, mayo 2009
- Lampreas e pesqueiras, historia, artes de pesca e receitario, Miguel Piñeiro, Editorial Galaxia, Vigo 2008
- El banquete del mar, Lorenzo Millo, RBEdiciones, Donostia 1995
- Guía del buen comer español -inventario y loa de la cocina clásica de España y sus regiones-, Dionisio Pérez (Post-Thebussem), Madrid 1929
- Historia de la gastronomía -esbozos-. María Mestayer de Echagüe, Espasa-Calpe, Madrid 1943
- El libro de la cocina española, Néstor Luján y Juan Perucho, Ediciones Danae, Barcelona 1972
- Carvalho gastronómico, diccionario indispensable para la supervivencia, Manuel Vázquez Montalbán, Ediciones B, Barcelona 2003
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jueves 26 de noviembre de 2009
Saboreando España
Estaba yo pensando....
Todo ocurrió el pasado mes de julio, si ya se, voy algo tardío. Y es que el asunto asusta. O quizás, sólo me asuste a mí.
El Rey recibe a los señores Ferrán Adrià (gurú molecular) y Juan Mari Arzak, reciben la condecoración con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil.
Poco después...
El Presidente de Gobierno, J.L. Rodríguez Zapatero, se reúne con Ferrán Adrià, y es que este buen hombre “quería conocer la opinión del chef sobre las iniciativas diseñadas para fomentar los productos y destinos gastronómicos”.
Unos seis millones de turistas vinieron el año pasado atraídos por la gastronomía del país. La gastronomía es un valor que cotiza al alza. Hay que explotarlo. Montemos algo. Llámame a los mejores amigo Lucas.
¿Qué hacemos? Pues montamos un congreso, o dos, y un club. ¡Vale!
Así pues el Consejo de Ministros aprueba el plan E para el turismo y la gastronomía. Eso sí, haciendo caso omiso a las peticiones de los empresarios que tanto tiempo llevan reivindicando. A este plan le llaman Plan de Promoción Internacional del Turismo Enogastronómico. Para reposicionar la maltrecha marca “España” se inventan otra, esto es “Tasting Spain” y se crea el Club de Producto Saborear España. Y todo eso para promocionar el turismo a través de la gastronomía.
¡Ah! ¿Y el congresito? Pues para abril del año que viene montamos el “I Congreso Europeo sobre Gastronomía y Turismo” pero no descartamos hacer uno que no se quede corto y sea el Primer Congreso Mundial, todo un referente mundial del turismo gastronómico, como la Expo, pero para turisteos y picoteos. Somos más que listos y casualmente coincidirá el Congreso con la Presidencia Española de la Unión Europea. Vaya vaya: ¡Turismo Somos Todos!
Los elegidos para participar en el Club son: La secretaría de Estado de Turismo, la FEHR, la Asociación Española de Destinos, Eurotoques y FACYRE. También algunos ayuntamientos y ya veremos si se invita a alguien más. Eso sí, sin corruptelas. El Presidente de la Asociación es el cocinero Pedro Subijana. Ni que decir tiene que para todas estas asociaciones el hecho de estar bajo el paraguas del Club y por que no decirlo, del Gobierno, es como si les hubiese tocado la Lotería.
¡A jugar! 9 millones de euros para lo que queda de año y para el año que viene. Vamos a reposicionar la marca “España” para atraer a turistas de mayor poder adquisitivo.
Pero para empezar vamos a dar un empujoncillo a la Universidad de Ciencias Gastronómicas del Estado, el Basque Culinary Center, con una buena inyección de eurillos. Ya tenemos Alicia, pero no importa, vamos a montar otro.
¿Alguien quiere una subvención?
.
Todo ocurrió el pasado mes de julio, si ya se, voy algo tardío. Y es que el asunto asusta. O quizás, sólo me asuste a mí.
El Rey recibe a los señores Ferrán Adrià (gurú molecular) y Juan Mari Arzak, reciben la condecoración con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil.
Poco después...
El Presidente de Gobierno, J.L. Rodríguez Zapatero, se reúne con Ferrán Adrià, y es que este buen hombre “quería conocer la opinión del chef sobre las iniciativas diseñadas para fomentar los productos y destinos gastronómicos”.
Unos seis millones de turistas vinieron el año pasado atraídos por la gastronomía del país. La gastronomía es un valor que cotiza al alza. Hay que explotarlo. Montemos algo. Llámame a los mejores amigo Lucas.
¿Qué hacemos? Pues montamos un congreso, o dos, y un club. ¡Vale!
Así pues el Consejo de Ministros aprueba el plan E para el turismo y la gastronomía. Eso sí, haciendo caso omiso a las peticiones de los empresarios que tanto tiempo llevan reivindicando. A este plan le llaman Plan de Promoción Internacional del Turismo Enogastronómico. Para reposicionar la maltrecha marca “España” se inventan otra, esto es “Tasting Spain” y se crea el Club de Producto Saborear España. Y todo eso para promocionar el turismo a través de la gastronomía.
¡Ah! ¿Y el congresito? Pues para abril del año que viene montamos el “I Congreso Europeo sobre Gastronomía y Turismo” pero no descartamos hacer uno que no se quede corto y sea el Primer Congreso Mundial, todo un referente mundial del turismo gastronómico, como la Expo, pero para turisteos y picoteos. Somos más que listos y casualmente coincidirá el Congreso con la Presidencia Española de la Unión Europea. Vaya vaya: ¡Turismo Somos Todos!
Los elegidos para participar en el Club son: La secretaría de Estado de Turismo, la FEHR, la Asociación Española de Destinos, Eurotoques y FACYRE. También algunos ayuntamientos y ya veremos si se invita a alguien más. Eso sí, sin corruptelas. El Presidente de la Asociación es el cocinero Pedro Subijana. Ni que decir tiene que para todas estas asociaciones el hecho de estar bajo el paraguas del Club y por que no decirlo, del Gobierno, es como si les hubiese tocado la Lotería.
¡A jugar! 9 millones de euros para lo que queda de año y para el año que viene. Vamos a reposicionar la marca “España” para atraer a turistas de mayor poder adquisitivo.
Pero para empezar vamos a dar un empujoncillo a la Universidad de Ciencias Gastronómicas del Estado, el Basque Culinary Center, con una buena inyección de eurillos. Ya tenemos Alicia, pero no importa, vamos a montar otro.
¿Alguien quiere una subvención?
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