sábado, noviembre 21

Intimas suculencias

“Uno es lo que come, con quién lo come y cómo lo come. La nacionalidad no la determina el lugar donde uno fue dado a luz, sino los sabores y los olores que nos acompañan desde niños”


Tras una novela de crímenes culinarios por un lado y unos escritos de exquisiteces vitales por otro, os presento unos textos donde su autora critica deliberadamente nuestro actual estilo de vida para hacernos reflexionar sobre nuestra relación con el acto de cocinar y de relacionarnos.

Después de su famosísima ópera prima de 1989, Como agua para chocolate, Laura Esquivel nos deleita con Íntimas suculencias, subtitulado como Tratado filosófico de cocina, nos descubre de nuevo el mundo mágico de la cocina, los alimentos y las relaciones humanas.

Editado por Ollero & Ramos, Madrid 1998 y adornado por F. Meléndez, este librito es una antología de textos que incluye publicaciones en Vogue de México; un discurso pronunciado al recibir el premio de la Mujer del año 1992; un texto censurado y publicado luego en el periódico Excelsior; varios prólogos de libros; una ponencia y una plática, como guinda final, que realizó ante un grupo de psicoalanalistas en México D.F. en diciembre de 1997.

“El hombre nuevo es aquel que consigue reintegrar a su vida el pasado y las enseñanzas del pasado, los sabores perdidos, la música que olvidamos, las caras de los abuelos, los gestos de los muertos. Es el hombre que no olvida que lo más importante no es la producción sino el hombre que produce. Que el bienestar del hombre –de todos los hombres- debe ser el principal objetivo del desarrollo del hombre. Que el hombre nuevo es el hombre completo, el que ha conseguido superar la maldición que nos escinde y nos hace ser seres mutilados e infelices. El hombre nuevo es el que lee en la vida y que lee la vida, que lee la literatura y vive la literatura, el que vive la vida y la reencuentra en la literatura porque sus actos son de vida. En ese sentido, publicar mis textos nuevamente tenía un sentido: volver a invocar la vida a través de esos pequeños retazos de intimidad, volver a recordarle a la gente que es indispensable leer y vivir con la misma intensidad, recordarles nuevamente que sin sabor la vida no vale la pena ser vivida y que sin sabor de vida la literatura no existe.”




Un libro que yo disfruté en el trayecto de 2003 a 2004 y que confirmó que mi camino hacia los fogones era el correcto. Un libro con el que comprendí que “la realización personal no debe estar ligada únicamente a un reconocimiento público y a una retribución económica”. Una reflexión que reafirmo en 2009 tras las vivencias culinarias de este último año de crisis y supervivencia.

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