jueves, octubre 18

Rufianes, bellacos y sabandijas


Alerta. Sacacuartos sin escrúpulos que con fullerías tratan de timar al incauto desprevenido. Tomen nota, casos reales, muy recientes y calentitos.

Caso 1. Entra un señor en el bar con una garrafa vacía en la mano y se dirije a la camarera, Sofía, la hija del dueño para más datos.

-          - Hola, me llamo Pepe y trabajo para “Gruas Rosell”.  Verás, me he quedado sin gasoil y y no llevo dinero.  Me preguntaba si podías ayudarme y mi jefe pasará en otro momento a devolver el dinero.

La empresa “Gruas Rosell” es conocida en la zona y ante la idea de ayudar a un necesitado currante en apuros…

En estas aparece el dueño del restaurante y comenta que teniendo él un depósito de gasoil agrícola, puede llenar la garrafa y llegar hasta la gasolinera más cercana.  Pepe agradecido acompaña al dueño hasta el almacén, lugar en el que se encuentra el depósito del gasoil.  Minutos después regresa al bar y le dice a Sofía, la hija del dueño:

-          - Tu padre me ha dicho que me dejes 20 euros para terminar de llenar el depósito y así poder llegar hasta la empresa.

La hija no sospecha nada. Después de ver cómo su padre y Pepe entraban en el almacén, nada le hizo pensar que ni Pepe ni su jefe regresarían jamás.  Una tomadura de greñas en toda regla.

Caso dos. Una llamada de teléfono.

-         - Hola, soy Antonio, el de los camiones. ¿Puedo hablar con el dueño?
-          - ¿De qué se trata?
-          - Necesito hablar con él, es urgente, soy Antonio, el de los transportes.
-          - Somos una empresa familiar y depende del tema que quiera usted tratar sabré con quién debe usted hablar.
-          - Con Marín, el jefe
-          - Vale. ¿El padre o el hijo? El hijo ahora no está pero si necesita al padre ahora se lo busco.
-          - Con Marín padre, bueno, el hijo me conoce pero quiero hablar con el jefe.
-          - Un momento por favor.

En estas que Sofía sale en busca de su padre.  Le lleva el inalámbrico, explica que es Antonio, el de los transportes, que quiere hablar con él, parece urgente y está algo nervioso.

-          - Hola señor Marín, soy Antonio, el de los camiones, su hijo me conoce.  El caso es que uno de mis transportistas va a ir a comer y no lleva dinero encima.  Le llamo para que le deje comer el menú y esta noche me paso yo a cenar con mi socio y le pago la comida del chófer.  Guárdeme una mesa para cuatro, en un lugar tranquilo junto a la ventana.
-          - De acuerdo, ahora no caigo en quién es usted pero si mi hijo le conoce no habrá ningún problema.
-         -  Por cierto, si fuese usted tan amable de darle al chófer 100 euros esta noche se los devuelvo, no se preocupe señor Marín.
-          - Eh?  Dinero no le puedo dar, no disponemos de tanto efectivo en estos momentos y verá yo no le conozco.  -Una comida vale, pero dinero no, lo siento.

Piiiiiiiii piiiiiii piiiiiii, no hay línea. La comunicación se ha cortado. En ese momento la argucia huele, se ha desmontado. Botón de rellamada. “El número solicitado no existe”

Rufianes, bellacos, sabandijas.

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