Mis gin tonics ya no volverán a ser los mismos. La culpa la
tiene un sesudo sociólogo, investigador, periodista y divulgador: Miguel Ángel
Almodóvar. A sus medallas profesionales y sin su consentimiento también
añadiría otras más terrenales: gocetas y embaulador. Con L que no con C.
Un servidor descubrió la obra de este prolífico escritor
durante un verano de velero por la pitiusa isla de Formentera. Era el todavía
dichoso año de 2007. Durante las pocas horas que pasamos en tierra se me cruzó
por el camino un ejemplar recién estrenado y de título sugerente mas nada
veraniego y mucho menos marinero: La cocina del Cid, historia de los yantares y
banquetes de los caballeros medievales -incluye las 73 recetas clave de la
cocina medieval- (Ediciones Nowtilus de mayo del 2007). Ni que decir tiene que el resto de días cabalgué
junto al Campeador por el Mediterráneo.
Ya no le perdí la pista al tal Almodóvar que, contrariamente a lo que algún indocumentado pudiera afirmar, no es familiar del cineasta Pedro. Ni por los clavos de la cruz -que diría Sabina-, ni por La Última Cena, documental paleo gastronómico que realizó para el canal Cocina y el canal Historia junto a los chefs Paco Roncero, Ramón Freixa y David Muñoz.
Pero a lo que iba. Gin tonics. El Arte del Gin&Tonic, de
la editorial Anaya en primera edición de 2014. Con fotos de otro grande, Sacha Hormaechea. Cuarenta (40) páginas de enjundia e historia en torno a
la ginebra, a la tónica y sus más relevantes protagonistas. Y unas ciento
ochenta (180) páginas más con los secretos mejor guardados de 30 chefs y sus
correspondientes gin tonics.
Si acaso, con cariño, premeditación y alevosía, como
cocinero me atrevería a sugerir que dichos chefs también ofrezcan la receta de
la tapita que tan juiciosamente recomiendan para acompañar sus enebrinos
lingotazos.

Si usted, querido lector de este canalla blog - blog ora
quejumbroso y provocador ora cultureta y divulgador -; si usted es fiel bebedor
de gin tonic y utiliza con ligereza los palabros Premium o botánicos y no
conoce alguno de los anteriores vocablos o personajes, le animo encarecidamente
a comprar el libro de Miguel Ángel Almodóvar, leer con fruición SIC (Sensible, Inteligente y Culta, Duque de Gastronia dixit) y practicar con tan gozosa mezcla de quinina, enebrina y hielo. Si
por el contrario, usted se conforma con la paupérrima cultura rosa-amarillista y
con cualquier gin tonic de garbanzos, le absuelvo de sus pecados por el poder que me confiere
este blog y le animo a seguir practicando el botellón. “Porque este es un trago que,
trascendiendo la moda, está preparado y listo para durar, durar y durar”.
Por 19,95€, realmente bien invertidos y asequibles comparados con otros precios de otros ejemplares de medio pelo, un servidor se ha empapado de historia y conocimientos con este librazo.
Personalmente, me quedo con una charla gin toniquera con el catalán Jordi Estadella,
con el colombiano Roberto Posada García-Peña “D’Artagnan” o con nuestro
idolatrado Manuel Vázquez Montalbán, aunque este último finalmente se empeñara
en brindar con unos orujos helados. ¡Condenado marxista-leninista de la facción
gourmet!
Aquí en Colombia, y como ya señalé en su día en otro
artículo de Gastromimix, el periodista colombiano Roberto
Posada García-Peña escribió lo siguiente en una de sus sabrosas columnas de
su recopilatorio libro El fogón de D’Artagnan: “los españoles se lo
toman después de sus almuerzos suculentos. Los colombianos lo hacemos antes,
con mucha ansiedad. Santa delicia, si es cosa de abrir el apetito. Incluso
cuando ocurría en épocas económicamente menos turbulentas y había que acudir
entonces a la ginebra Sanders, de la Industria Licorera de Santander, o
una todavía peor llamada Butik, tan perfumada como el más insoportable
pachulí...”

A modo de cierre, brindis y despedida, me quedo con aquellos
añorados gin tonics de velero pitiuso. Con gin Xoriguer, faltaría más. Al
estilo del Bruma Marina de Damià Horrach o del Tramuntonic de María Solivellas.
También con la ginebra mallorquina de Can Vidalet, al estilo del gran Koldo
Royo y su perrito caliente Mediterráneo.
La hecatombe...
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