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martes, febrero 19

Cocina biodinámica


Mi muy estimado amigo antititelles: 

Hoy vengo a relatarle una historieta sin par. Ágarrese los machos, que vienen curvas.
No es un reallity, está ocurriendo. Se que algunos de estos juicios, personas más capacitadas los estimarán quizás descarados, y puede que también poco veraces, pero yo me limito a dar mi opinión y basta.

La cada vez más dominante banalización de la gastronomía, junto con la acuciante necesidad por destacar y diferenciarse de la competencia -dr marketing dixit- hace que aparezcan como por arte de birlibirloque las corrientes más curiosas  y extravagantes que uno pudiera imaginar. Recuerdo una tertulia radiofónica en la que disertamos alegremente sobre la cocina del futuro. Si el tiempo lo permite vamos a ver muchas de aquellas locas ideas hechas realidad, pero espero por nuestro bien, que muchas de las mismas no lleguen siquiera a aparecer. 


Las grandes exhibiciones de imaginación y fantasía con las que el chiringuito alimentario nos viene distrayendo ha sido con frecuencia freno de mano y lastre a la cocina moderna de autor. En no pocas ocasiones se ha confundido la buena cocina de vanguardia con lo que no es más que buena cocina del espectáculo, que diría Vargas-Llosa.

En los círculos del gastroquilombo de más rabiosa actualidad ha irrumpido con fuerza la biodinámica, una corriente que defiende una serie de pautas que aplicadas a la agricultura tienen el poder de conducirnos por la senda del buen samaritano a través de nuestra alimentación (ver antroposofía).  Una filosofía que resurge con fuerza aprovechando el tirón de lo ecológico y al amparo de un nutrido, sumiso y vulnerable público. Y aquí estoy yo para defenderle a usted, a capa y espada de tan tremenda farsa.

La conjunción de la biodinámica con la gastronomía la descubrí de la mano de Xavier Pellicer, durante una comida en el Racó.  Nunca antes le había hecho demasiado caso a la biodinámica, me parecía y me sigue pareciendo, algo propio de curanderos, muy afín a los guiones de Cuarto milenio. También fue en aquel estudio radiofónico dónde oímos a Isma Prados  hablar embelesado de un nuevo proyecto que iba a ser un bombazo (NONONO).

Del mismo modo que en su día surgieron los restaurantes biológicos ahora la moda es “lo biodinámico”, otra tendencia new age al estilo de la cultura védica.

Yo también soy biodinámico:
Respeto a los ritmos de la vida, de la naturaleza y de mi organismo.
Bueno, bonito y barato. Nada de sex, drugs & rock&roll.

Agradecimientos: eSedidio, por animarme