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domingo, octubre 26

Kumina ri Palenge pa tó paraje

Sean más libros pues. De aquí y de allá. De allá y acullá.

Kumina ri Palenge pa tó paraje. Cocina Palenquera para el mundo.

El nuevo libro que llega a la gastrobiblioteca de Gastromimix de Colombia forma parte del proyecto Son ri Tambó, o fortalecimiento de la cultura y lengua palenquera mediante su inclusión en la cultura escrita. No tanto por su estética y diseño, sino por su contenido y objetivo social, fue ganador del Best Cookbook of the year, dentro de los Gourmand Awards 2014 celebrados en Beijing el pasado 20 de mayo.

Emocionante y magno trabajo el de la Fundación para el Desarrollo Social Transformemos, liderado por Rodolfo Ardila Cuesta y María Aurora Carrillo Gullo.


Este libro está hecho a mano y dedicado a los hombres y mujeres de San Basilio de Palenque que han logrado mantener viva su cultura, su música, su cocina y su lengua, en una gran demostración de tenacidad y orgullo. A mano y nunca mejor dicho, porque uno de los objetivos de Transformemos es fortalecer la cultura escrita, tanto en español como en palenquero. Todas las recetas están elaboradas por estos obstinados y adultos estudiantes, así como las fotografías muestran las recetas escritas de su puño y letra en ambos idiomas. Y como valor añadido para su universalidad, las recetas del libro están traducidas al francés y al inglés.

Sabias y generosas palabras las de Rodolfo Ardila Cuesta cuando afirma que: "este no es solamente un libro de cocina. Es la historia de un pueblo creada alrededor de un fogón, no sólo con palabras escritas sino con cantos, leyendas y cientos de sabores que los palenqueros tienen impregnados en sus genes, y que son la máxima herencia de sus antepasados africanos. Son sabores, olores, sentimientos y ritmos que conforman la esencia del ser palenquero; y aunque puede que no todos podamos percibirlos en su total magnitud, sí estamos seguros que todo aquel que se brinde la oportunidad de convertirse en alquimista y se deje llevar por las palabras escritas por cada uno de nuestros estudiantes, podrá sentir por unos instantes la magia de la raza negra y su cuerpo clamará por danzar al ritmo sonoro del tambor."

Cultural e histórico dato el que nos ofrece Basilia Péres, Secretaria de la Institución Educativa Benkos Bioho: "la cocina del Caribe es negra porque quienes cocinaban eran las esclavas. Es por esta razón que muchos de los platos hoy mal llamados "cocina de pobre", eran antaño los más suculentos manjares de las grandes familias colonialistas españolas, portuguesas e inglesas, muchos de ellos nuevamente creados y rebautizados, pero cuya esencia y sabor primario siguen siendo negros."

Los capítulos culinarios en los que se divide el libro son: arroces, carnes y pescados, sopas, acompañamientos, dulces y postres, y acaba con un interesante pequeño diccionario de términos palenqueros.

Tanto Alfonso Cassiani Herrera como Cristian Mendoza nos regalan también unos enjundiosos textos gastronómicos donde caben historia, cultura, antropología, lucha, identidad, técnica, producto, tradición, leyenda, magia, música, tambores, revolución, libertad, independencia... pero sobre todo, dichas letras destilan orgullo palenquero.

Pero si algún ingrediente me ha sorprendido por encima de otros es, sin duda, el bleo. Tan humilde y básico ingrediente ni siquiera aparece en el vasto Diccionario de vozes culinarias de Lácydes Moreno. Es el bleo una de las insignias de San Basilio de Palenque. Es una planta silvestre, una mata cimarrona, que se consume en épocas de veranillo (de julio a septiembre) y nace entre los arbustos, en las zonas bajas. Aunque nace desde mayo, sus hojas no son muy fuertes en esa época y no están bien desarrolladas, por lo cual no se recomienda recogerlo ya que no rinde en la cocina. Existen muchas variedades de bleo, las cuales se diferencian precisamente por sus hojas. Hoy en día hay una gran preocupación porque no existe una fórmula para su cultivo y además, como afirman los mayores, escasea debido al uso indiscriminado de los herbicidas. 

En San Basilio de Palenque se usa la variedad de bleo chocho. Desde siempre, los palenqueros los preparan con costilla, huesos de res y hasta con patitas de cerdo, y se acompaña con bollo de maíz blanco en la mañana, o con arroz de coco en las noches. Delfida Valdés Teherán, autora de la receta del bleo palenquero, afirma que "es muy perseguido porque se cree que tiene un alto contenido nutricional y facilita la oxigenación cardiovascular; además, hasta ahora se le considera un plato exclusivo de Palenque." 

Víctor Simarra, prepara con bleo su Aló ku toro prieto o Arroz con bleo. Víctor afirma que la mata de bleo "puede crecer más de un metro y nace silvestre desde Córdoba a Bolívar. La han utilizado los cimarrones y los indígenas de la región desde siempre. El bleo es bueno cuando, como dicen, está bien plantado, bien nutrido y bien cultivado, o como le decimos nosotros acá: está verdecito, está prieto."

Las tradiciones y leyendas nos dejan un plato presentado por Nora Santana: Kane a lo Katalina Luango o Carne a lo Catalina Luango. Este plato es preparado con mucho cariño por los palenqueros, debido a lo que representa Catalina Luango. Ella era una joven cantaora de lumbalú* que, hace muchos años visitaba las ciénagas cerca a La Troncona, buscando agua para las labores del hogar. Un día, un mohán se enamoró perdidamente de ella y se le presentó en forma de pez. Así la encantó y se la llevó con él, convirtiéndola en una mohana**. Cuenta la leyenda que, desde entonces, Catalina Luango regresa a Palenque a acompañar a los muertos cuando se van. El nombre del plato surge porque era el favorito de Catalina y sus amigas. Esta receta tiene un valor mágico ancestral y se considera que tiene poderes afrodisíacos.

* lumbalú: considerado como "la última costumbre de profunda raigambre cultural africana entre los pobladores cimarrones", es un ritual fúnebre también conocido como bailemuetto, o baile de los muertos o baile de muerto. Dure nueve días, y a través de él los palanqueros expresan, por medio de la danza y la música, su dolor y tristeza ante el fallecimiento de algún miembro de la comunidad. Es, en otras palabras, un ritual de duelo colectivo con el que se busca el paso del fallecido hacia el mundo de los muertos. En este rito, son las mujeres mayores quienes lideran los cantos responsoriales, acompañados con las palmas de las manos. También suelen realizar una danza, con pasos menudos alrededor del cadáver, ejecutando movimientos de vientre, e invocando con los brazos. Además, se encargan del manejo de los cuerpos de los difuntos y la disposición de los altares, con velas, imágenes de santos y objetos mortuorios. Es uno de los ancianos del cabildo quien pregona el fallecimiento para convocar a la población con un toque especial del tambor peniche.

** mohán o mohana: es un personaje mitológico representado como una persona de tez blanca y de mucho cabello, con los pies volteados. Usualmente se presenta ante los niños con apariencia de un familiar muy querido. El mundo de la mohína juega un papel importante en la formación y crianza de los niños de Palenque; su figura se usa para corregirlos: "ten cuidado con la mohana", o les advierten: "como vayas sola para el arroyo, te va a coger y te lleva". Así, les cuentan relatos de acontecimientos con la mohana quien, con mucha astucia, los confunde y los lleva hacia el mundo del agua.

No podía ser de otra manera, así que durante la redacción de este artículo, me ha acompañado la música del Sexteto Tabalá y de Son Palenque. Un CD que acompaña al libro y que ha sido grabado conjuntamente por dos de las agrupaciones más emblemáticas de San Basilio de Palenque en homenaje a su pueblo, a su cultura y a los cientos de estudiantes que están aprendiendo a leer y escribir en palenquero y en español.

jueves, mayo 29

Leonor Espinosa en la Gato Dumas

El pasado martes, 20 de mayo de 2014, tuve el placer de asistir a una charla organizada por la escuela de cocina Gato Dumas dentro de su “Ciclo de la Excelencia”. Tengo que reconocer que mi asistencia, amén de su gratuidad, fue fruto de dos curiosidades. La primera, conocer una de las escuelas de cocina más famosas de la capital colombiana. La segunda, conocer, ver y oír de cerca a la protagonista de dicha charla: Leonor Espinosa.


Un servidor conoció la cocina de La Leo en el lejano agosto de 2008. Un placer y una sorpresa por aquel entonces, cuando uno viajaba a Colombia sin muchas más expectativas que disfrutar de su cocina regional y popular mas no su cocina de vanguardia. Cocina de vanguardia, dicho sea de paso, que ni abundaba ni era reconocida, al menos en el exterior. La memoria del paladar de este glotón que escribe ya nunca olvidará aquel tataki de atún con una costra de hormigas culonas.

También recuerdo conversaciones con colegas restauradores y con amigos tragaldabas en las que la Leo gozaba tanto de inflexibles detractores como de radicales defensores. Algo que, por lo que leo actualmente, ha sido una constante en la carrera de esta profesional de los fogones, anteriormente diplomada en Bellas Artes y Económicas, además de ex publicista.

Personalmente, todavía no puedo opinar de su actual cocina. No la he visitado. Todavía. Sólo me he nutrido de lo leído en prensa escrita o en noticias en medios digitales y redes sociales. Y sí, su cocina actual refleja su estado personal del que nos habló en su charla en la Gato Dumas: sinceridad, madurez y sabiduría gastronómica colombiana.

Sabiduría gastronómica colombiana de la que está unida a lo popular, a las raíces, a la cultura, a los agricultores, al rescate del producto colombiano, al sacrificio de esta dura profesión. Madurez que la aleja de la adulación de los medios de comunicación, del crecimiento de los negocios por encima de la honestidad en el plato, de los aplausos condescendientes de los comensales. Sinceridad para hablar sin tapujos de la actual Colombia: de la gastronomía colombiana, de la industria de la restauración, de los cocineros, de las individualidades y de la falta de cultura gastronómica. ¡Bravo, brava, bravísima, doña Leo! Un servidor hubiera estado tres horas más escuchando y debatiendo. Una gozada para el oído y para la reflexión.

Más allá del placer de escuchar a la Leo, me gustaría destacar la iniciativa de la escuela Gato Dumas con este “Ciclo de la Excelencia”. Por un lado, y desde el punto de vista de un estudiante, bajar de los supuestos pedestales a determinados chefs y acercarlos a estos potenciales futuros cocineros. Por otro, crear unas conversaciones que reflejen la realidad de esta profesión más allá de las aulas: sacrificio, trabajo, humanismo y sobre todo, cultura. Felicidades por esta interesante propuesta.


Por el contrario, me sorprendió que ninguno de los más de 50 asistentes a la charla afirmara conocer la columna mensual de Leonor Espinosa en la revista Bocas. No sé si sería por la timidez del respetable y jovencísimo público, o por un real y verdadero desconocimiento de tan deliciosos cuentos que aparecen el tercer domingo de cada mes. Si acaso, animo también desde aquí a la dirección de la Gato Dumas a ampliar su biblioteca gastronómica, que me consta que aunque pequeña y modesta, existe; con algo de hemeroteca para la libre y gratuita consulta del cocineril alumnado. Y, por supuesto, estimular e incentivar todo lo relacionado con la cultura gastronómica escrita. Y si no tienen a quién se la coordine, aquí tienen a un servidor dispuesto y encantado de echar una mano en cuestiones bibliófilas.

Por cierto, apreciados estudiantes del fogón, ¿saben quién es Josep Roca? ¿sabían ustedes que la Leo se reunió y le descubrió al gran Josep Roca una ingente cantidad de ingredientes colombianos? ¿Saben cuáles fueron sus favoritos? Les animo a que lean, lean y lean. Su futuro en el mundo de la restauración debería ser maravilloso.


Ojalá todos estos estudiantes y futuros cocineros logren y difundan uno de los estandartes que defiende la Leo en su filosofía de vida y en sus platos: “sentirse orgulloso de ser colombiano”. Y eso, queridos míos, solo se conseguirá con la unión, la investigación y la cultura del mundo gastronómico colombiano.