Trabajaba yo todavía en Barcelona cuando me tocó llamar al panadero
Daniel Jordà para unos asuntos de eventos y talleres de pan. Debo confesar que fui invadido por ese cosquilleo de emoción de los primeros besos y por esa tembladera de esfínteres propias del efecto
gastrofarandulero. Y le llamé. Y me reuní con él. Y nos tomamos unos
cafeses en el bar de al lado. Y los panes ya no fueron lo mismo.
Fue el primer café de unos cuantos pocos más, que se alargaron durante casi dos años. Hablamos de lo divino y de lo humano. De mucho
hijueputa y de algunos hombres buenos. De ruinas y de resurgir de las cenizas. De Singapur, de la Barcelona pija y del Barri de la Trinitat. De mujeres, de esposas, de hijos y de amigos de verdad. De
tocar de peus a terra.
Curiosamente, casi no hablábamos de pan.
Nunca me hizo caso cuando le insistía que expusiera enmarcada, en alguna pared de la tienda, la chaquetilla que lució en Singapur. Demasiada humildad y demasiado amor a su oficio bajo esa barba, para tan arrogante y prepotente propuesta de un
mindundi como un servidor. Eso sí, nos permitimos, cual dioses paganos, bautizarlo con el nombre de
putuChef. Me fui de Barcelona para aterrizar en Bogotá sin poder conocer las nuevas reformas de su obrador de
Panes Creativos. Sin ver más talleres después de aquel que inauguramos con la ayuda
de Starbase y de Julia. Sin probar sus nuevos panes. Sin poder asistir a la publicación de su libro. Sin poder olvidar su pan de panceta y su pan de fresa y chocolate blanco.
Afortunadamente, el estraperlo sigue existiendo entre los primermundistas y los tercermundistas. Así que, tras dura negociación e intercambio de rehenes, el libro llegó a Bogotá a través de un famoso contrabandista bloguero que trafica hasta en los planetas y galaxias del espacio exterior. Incontinencia infantiloide al destrozar el envoltorio. Libro firmado y dedicado. Lujazo de máximo placer onanista y bibliófilo.
Y como se debe practicar con el ejemplo, el
libro Panes Creativos se ha convertido en una de las biblias para
El Obrador de Bogotá. Un cuaderno de bitácora de las masas madre. Un icono al que se le rinde pleitesía y reverencia. Una droga dura para
Andrés, adicto a las masas y yonqui de los fermentos.
También el libro de Dan Leppard, pero el putuChef se pone celoso.
Así pues, que mejor homenaje que presentarte, putuChef,
a tus hijos bastardos y sudacatalanes:
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| Pan de mostaza |
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| Pan con semillas de amapola |
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| Pan de sésamo |
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| Pan de queso azul |
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| Pan de tomate |
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| Pan de cherry en almíbar, Pan de brie y mermelada de pimiento, Pan de maní, Pan de nuez del Brasil |
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| Pan de briox |
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| Futuras torrijas |
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| Pan de kamut 100% |
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| PAn de kamut 100% |
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| Pan con orégano |
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| Panecillos |
Ahora el
putuChef despierta a su
secta panarra de feisbuc con poemas y besos desde su obrador de
Barcelona. Nosotros nos acostamos con esos besos en
Bogotá. Desterrando a Morfeo y meciéndonos en nubes de panes. Custodiados por un enjuto angelito de desgreñada barba y zapatos nevados de harina.