domingo, febrero 3

Vermut sin sifón


Un colmado reinventado
Tres mesitas altas
Una extensa carta de pequeñas cosas para picotear
Mediodia, antes de la hora de las comidas

Un servidor: Me gustaría tomar un vermut. ¿Qué vermut tienes?
Camarero: Izaguirre

Un servidor: ¿No hay un vermut casero? Algo menos frecuente y más auténtico que Izaguirre?
C: Tengo este (Vermut Francolí)
X: Estupendo, justo lo que buscaba

Empieza a servir vermut en una gran copa de vino y mientras tanto…


X: ¿me traes un poco de sifón, por favor?
C: no tenemos
X: para, no sirvas más!
C: el vermut se toma solo, no se toma con sifón.



Ya estamos. Camarero super guay dando lecciones


X: pero es que a mí me gusta con sifón
C: es como ponerle gaseosa a un vino, oiga
X: pero es que a mi me gusta el vino con gaseosa
C: solo el mal vino se bebe con gaseosa
X: pero es que a mi me gusta el buen vino con gaseosa. No crea, la gaseosa mejora mucho con un Pingus o un Valbuena


El camarero me mira estupefacto, agarro el vermut, lo huelo y me resigno, me lo tomaré a palo seco, no importa




X: para picar me trae unos berberechos, esos con lima, naranjitas y aguacate, pero sin el aguacate por favor.




Comentario crítico: Excelente materia prima mal acabada. Poca acidez, la presencia de los cítricos resulta más ornamental que gustativa. Servidos sobre un poco de hielo o fresquitos habrían ganado como aperitivo. Unos golpes de pimienta de molinillo también habrían aportado frescura a la conserva. Anodino y no excelente.

No me gusta que los camareros me aleccionen. No me gusta ese gallito que llevan dentro y que les pica cuando les contradices. Su mirada inquisidora los delata y genera incomodidad. Su principal misión es saber estar y atender bien.

viernes, febrero 1

Ver para creer: Nachos inmundos

Restaurante especializado en hamburguesas.
Renombrado en la ciudad.
Antaño excelente, hoy decadente.
Probado en primera instancia hace unos meses en sus versiones de hamburguesas vegetarianas.
Pésimas. 
Segunda oportunidad hace dos días.
Cuatro de la tarde, rarísimo horario para almorzar en Bogotá.
Restaurante vacío.
Nuestra mesa de cuatro y otra mesa de tres.
Hamburguesas entre aprobado por los pelos y suspenso.
Los nachos para compartir llegan a la mesa.

Estupefacción.
Fríos. El pico de gallo, el guacamole y los frijoles en cuencos aparte.
La salsa de queso con aspecto de pasta dentífrica. Fría.

Nosotros: perdón pero, ¿no se sirven calientes?
Mesera: no, siempre se sirven así.
N: pero en la foto de la carta se ve el queso fundido.
M: no, ese es otro plato.
N: ah! y esta salsa de queso ¿es normal?
M: si, siempre se sirve así.
N: ¿fría?
M: si, siempre se sirve así. ¿Quieren que se la caliente?
N: pero en la carta dice queso fundido.
M: pues no sé, siempre se sirve así. ¿Quieren que se la caliente?

N: no, no. El problema no solo es la temperatura. Es que sabe inmunda.
M: ¿quieren que se lo cambie y les traiga unos nuevos?
N: ¿fríos y con la misma salsa?
M: si , siempre se sirve así.
N: no, gracias. Se los puede llevar.

En 15 minutos llegaron otros nachos igualitos a la mesa.
- no, no los hemos pedido, gracias.

El nuevo mesero, sin rechistar, se da la vuelta y devuelve los nachos a la cocina. 
Se debieron dar un festín.
Por algo en la carta el plato se llama Fiesta de totopos.
Por supuesto, "los nuestros" aparecieron en la cuenta.
Por descontado, los pagamos.
Por idiotas.


Y del chili con carne...
ni rastro.