viernes, enero 24

Me bebo a Gabo

He tenido la dicha de recibir a Gabo en nuestro hogar. Embotellado, eso sí. Y tuve la fortuna de entablar conversación y rica sobremesa con él tras embaular unas excelsas berenjenas.

Ron Maestro Gabo. Es una mezcla de rones de 30, 17 y 12 años, en una edición única, a modo de "homenaje de la Gobernación de Antioquia y la Fábrica de Licores y Alcoholes de Antioquia a Gabriel García Márquez como creador literario, periodista y ciudadano comprometido con la educación y la paz." 

Sé de buena tinta que al maestro Gabo le fascinan las berenjenas, sobre todo como las que preparó Fermina Daza en la cocina del barco Nueva Felicidad en el que durmió por primera vez con Florentino Ariza. No es de extrañar, ya que el personaje de Fermina está inspirado en la madre del escritor, Luisa Santiaga Márquez Iguarán; y Florentino se parece muchísimo a su padre, Gabriel Eligio García. A estas alturas ya sabrá usted que me estoy refiriendo a la novela El amor en los tiempos del cólera.

"Berenjenas al amor", así bautizó el plato Floretino después de devorarlo con fervorosa pasión. Este acto de amor culinario perpetrado por Fermina no era solamente una muestra de cariño... Preparó este plato que despierta otros apetitos a medida que uno se lo come. Aunque no lo dice, García Márquez sabe que la berenjena forma parte de la misteriosa y antigua farmacopea afrodisíaca.

"Se lavan y se cortan en rodajas tres berenjenas. Se les quitan las semillas y se sumergen en agua salada durante quince minutos. Se escurren, se secan bien y se fríen en aceite muy caliente. Aparte, en una cacerola, se doran 250 gr de carne de ternera cortada en daditos y una cebolla en láminas muy finas. Se incorporan las berenjenas y dos tomates pelados y cortados en rodajas. Se le adiciona media taza de agua caliente y se sazona con sal, pimienta de cayena, canela y una pizca de nuez moscada. Se tapa a cacerola y se deja continuar la cocción a fuego lento hasta que las verduras están tiernas y la carne cocida. A último momento se echa en la cacerola media taza de garbanzos previamente cocidos, se revuelve para mezclar y se sirve bien caliente."
"Elogio de la berenjena,
anécdotas y recetas de cocina de gente muy famosa",
de Abel González, Buenos Aires, marzo de 2000.


Dicen que Gabo toma después una buena copa de ron. Pero, amigo mío, no aclaran si es después de comer o de otra cosa... Que en estos chismes del realismo mágico todo es posible. En cualquier caso, un servidor se queda apurando este ron y saboreando párrafos en Cien años de soledad, una primera edición dedicada de maestro a maestro,
la de Gabo a Juan Antonio Roda y a su esposa María Fornaguera:
el amigo errante.

jueves, enero 16

En esa cena yo era Judas

Realmente el mundo es muy injusto, una ofensa al verdadero gusto. Nadie me entiende. Hoy estoy estresado. Demasiada faena.

La ley de Manolo no la entiendo: -¡Marcelo! Lo que tardas en pedilo: ¡hacelo!-. Pues ya lo siento chicos, que no, que no lo pillo. Pero no creas que me importa, ni una miaja, pa’ qué!

No entiendo porqué tengo que trabajar las mismas horas que mis empleados, por algo soy el jefe. ellos son los culpables de mi deleitación. Llego tarde y me voy pronto porque yo lo valgo. Pero sobretodo haré siempre más vacaciones que nadie, cobraré más y mejor. Y si un día, dos, tres o los que me venga en gana no quiero ir a trabajar pues no voy y ya está, para eso disfruto de una gustosa preferencia o lo que es lo mismo, soy el puto amo. 

No entiendo porqué debo llevar un uniforme de trabajo y que sea exclusivo para trabajar, con lo cómodo que es venir así desde casa. No entiendo porqué debo quitarme mis alhajas para manipular alimentos. ¿Acaso debo peinarme?

Eso de tapar las cosas que se guardan en la nevera y etiquetarlas se le ha ocurrido a ese inútil solo para fastidiarme la existencia. First in, first out, ¿eso qué es? No sirve para nada, menuda chorrada. Y fumar? Pues como ahora y no se por qué, no me dejan fumar en la cocina, lo hago en la puerta y aplasto ahí mismo la colillas, que se jodan, canallas.

No saludo porque no me da la gana, ni doy las gracias porque no vale la pena. Gritar me encanta, me pone, lo necesito. Ordeno, mando y jamás pido perdón.

Si voy al baño no me aseo antes de salir porque me parece una chorrada y una pérdida de tiempo. Con las manos me limpio los morros y las narices porque es más cómodo y si, después, con esas mismas manos amasaré el pan que tú te comerás y aliñaré la ensalada del personal.
Los cubos de basura los han puesto ahí para que yo juegue al baloncesto y si no acierto ya vendrás a recogerlo tú. Aunque ni así me divierto. Leo más güasaps que comandas y hago menos pedidos que mensajes escribo.
Disfruto llamando a gritos a quien no veo, ya responderán o ya vendrán, es más divertido, ade esta manera me libero y requiere menos esfuerzo que ir en su busca. ¿Para qué voy a hacer algo yo si puedes hacerlo tú por mí? Que sí, que arrastro los pies al caminar. ¿Qué hay de malo en ello?

Pero sobretodo no entiendo porqué debo ayudar a los demás si son ellos los que trabajan para mí. Menudo atajo de inútiles, no entienden nada. ¡Panda de vagos!

En serio, no tengo ganas de complicarme, ni de aprender cosas nuevas. No necesito mejorar, llevo muchos años trabajando en esto y tú no eres nadie para darme lecciones.

Pero tengo una cosa segura, esto se va a la mierda y es por vuestra culpa, todo es por vuestra culpa, aburridos cabrones!

Soy un tsunami maravillosamente único e irrepetible, profundamente auténtico. No existe ni existirá una versión corregida, mejorada, aumentada o revisada. Conmigo rompieron el molde oiga.

Esto es no ficción aunque cualquier parecido con tu realidad es pura coincidencia, fijo.

Diario de un incompetente, un día cualquiera. Tengo fotos.