miércoles, julio 15

Gastronomía Ilustrada o Raciones de Hambre

(Versió en català)

Ya dijo alguien que “la escasez agudiza el ingenio” y así es, sin duda alguna. Durante los difíciles años de la posguerra la imaginación se convierte en un ingrediente más a la hora de cocinar. Así surge una cocina pobre pero honrada, una cocina de recursos que no era la cocina de todos pero si la de muchos. Setenta años después del fin de la Guerra Civil española (1936–1939) muchas de esas creaciones con apenas nada pero llenas de fantasía, siguen de actualidad y otras simplemente permanecen en la memoria de nuestros mayores. Algunas recetas ya nadie las recuerda o no quiere hacerlo, esta amnesia en el cielo del paladar (Joaquín Sabina) es la que intentaré recomponer y es que ¡se comía tan mal y se pasó tanta hambre!.

Al acabar la Guerra (in)Civil, España se encontraba en una situación realmente maltrecha, destruida, con los campos arrasados, sin provisiones y completamente aislada del mundo, se impuso la cartilla de racionamiento para controlar la distribución de mercancías en la batalla contra el hambre. Este salvoconducto del hambre entró en funcionamiento en mayo de 1939, se suprimió en 1952 y asignaba a cada titular/familia cierta cantidad de alimentos supuestamente básicos. Cantidad que por supuesto era ridículamente insuficiente para la gran mayoría de bocas. Muy pronto se comprobó que los alimentos suministrados carecían del mínimo valor nutritivo necesario. ¡Hambre, hambre y más hambre! Sólo había vino, hambre, pobreza y falta de libertad.

En este país redescubrieron las hortalizas de pobre, las acederas silvestres, los cardos y cardillos, los boniatos, remolachas, borrajas o las algarrobas que se comían como lentejas y se chupaban como golosinas. El pan negro de cebada, de centeno o de maíz que era duro de comer, el trigo escaseaba, del pan no tirar ni una miga, de las migas y las gachas volvieron las almortas (también de cebada y algarrobas), con cebada o garbanzos tostados se preparaba un sucedáneo de café, no se desperdiciaba nada de nada, los cascos de naranja eran papas fritas, las hojas de la patata se fumaban como tabaco, ...

Algunas alegrías para el cuerpo eran en forma de sopa, pues ya se sabe que cualquier caldito caliente reaviva el cuerpo, el alma y lo que se ponga por delante. Siempre ha sido así y de entre las sopas, la sopa de ajo me tiene conquistado desde hace mucho, esta sopa que encontramos en toda la península realizada con pequeñas variaciones y que en todas partes resulta deliciosa.

Las patatas salvaron muchos estómagos.....patatas con de todo o con casi nada, cualquier elemento que les daba color o sabor era y es verdaderamente bueno. Unas papas aliñás, ajilimojele que decía mi abuela, las patatas a la importancia, las patatas a lo pobre .... y así una lista interminable.

Una vez más reclamo vuestra participación. Enviad vuestras recetas de posguerra y serán publicadas, muchas gracias Emili Guasch por tan sugerente idea.

Ver más fotos en Raciones de hambre (II)

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miércoles, junio 24

A la carta en Martorell

(Versió en català)

A la carta es una de las opciones que tenemos para comer en cualquier establecimiento que a ello se dedique.
Desde siempre, de formación profesional, me he fijado mucho en las cartas de los bares y restaurantes. Todavía hoy me cuesta entender la cuantía de errores de todo tipo que podemos encontrar en muchas de las que pasan por nuestras manos.
Es asombroso constatar cómo es posible que algo que viene a ser como una carta de presentación se puede hacer tan mal.

Entre otras cosas las cartas de este tipo de establecimientos deberían servir de ayuda al cliente y no confundirle aún más. Entiendo que debe ser coherente, honesta, limpia, clara, ordenada y que además debe estar correctamente escrita, es decir, sin faltas de ortografía y sin erratas de imprenta. No vamos a entrar aquí en los detalles legales que deben respetar como pueden ser el idioma, los impuestos, la razón social o la actividad a la que se dedica el establecimiento, eso en este momento no es importante.

Desde aquí quería sugerir a los lectores dos cosas: la primera es que manden fotografías de cartas mal redactadas o pizarras con ofertas escritas pésimamente mal, es decir, de todo aquello que nos duele sólo con mirarlo y desde aquí las iremos colgando para disfrute de unos pocos. La otra cosa que me atrevo a sugerir o proponer es a ver si entre todos somos capaces de descubrir las erratas, que no son pocas, de la traducción al catalán de la carta expuesta en las fotografías que muestro a continuación.

Hace un año aproximadamente ofrecí mi ayuda a los responsables del establecimiento en cuestión para subsanar los errores encontrados. Para ello envié un e-mail al correo indicado en la carta. Amablemente me respondieron que tuviera en cuenta el origen no catalán de los propietarios y me indicaron que pronto estaría todo arreglado puesto que acababan de empezar su andadura. Un año después todo sigue igual, bueno no, ya no existe el web, ni el mail y los horarios que anuncian también son falsos. Me consta que tienen los medios necesarios para corregir los errores y que sólo la desidia les puede, en realidad creo que no les interesa lo más mínimo este asunto y yo me pregunto... ¿Alguien que no es capaz de hacer (o mandar hacer) su propia carta de presentación correctamente cómo se atreve a dar de comer?






Otro fallo envíado por Vega